REGION - La Pampa
Caza y Pesca en La Pampa
Semanario REGION®
Del 8 al 15 de abril de 2004 - Año 14 - Nº 655
R.N.P.I. Nº 287.347

Redacción: Urquiza 640 - Telefax: (02954) 43-2164 rotativa
(L6300EAN) Santa Rosa - Provincia de La Pampa - Patagonia Argentina
Director: Gerardo Yánes

Adelanto de la temporada 2004
Cazador argentino con el mejor trofeo hasta ahora


El cazador argentino Gustavo Hengel oriundo de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, sería el afortunado de haber obtenido el mejor trofeo de ciervo colorado en la provincia de La Pampa en lo que va de esta temporada oficial de caza hasta el momento, luego de su apertura el pasado 15 de marzo del corriente año.

Mediciones previas extraoficiales aseguran que la cornamenta lograda en el coto de caza «Cacerías del Monte» de la estancia Las Jarillas, alcanzaría la suma de 225 puntos, que de confirmarse, disputaría el 3er lugar en el Ranking Pampeano.

En la fotografía se observa al cazador rosarino con el soberbio animal de 21 puntas de cornamenta, logrado en el Departamento Loventué.

Didino - Di Nápoli
Tambén es para destacar otro ciervo colorado de importante porte obtenido por los cazadores pampeanos Antonio Didino y Leandro Di Nápoli, cuya cornamenta rondaría los 220 puntos, siempre por estimaciones extraoficiales.


Análisis de la Caza Mayor: «Sobre guías y cazadores»
En la abundante literatura cinegética que ha pasado por mis manos, he leído muchas opiniones acerca de los guías de caza, ya sea colocándolos en lo más alto del pedestal de la gloria, o bien sumergiéndolos en el más profundo abismo de la cobardía, ineptitud, etc..
Sin pretender arrogarme representatividad alguna, simplemente en razón de practicar ambas actividades, la de cazador y guía, durante distintas épocas del año, me gustaría dar una opinión respecto de lo que el guía de caza pretende de un buen cazador.
En primer lugar, para el guía de caza con experiencia no hace falta que el cazador le cuente de sus trofeos y experiencias nacionales e internacionales, para medir sus conocimientos y capacidad, simplemente le basta caminar 200 mts. en el monte para conocer cuanto ha aprendido este hombre del arte venatorio. Por otra parte, esto también resulta de estricta aplicación en el caso contrario, es decir que el buen cazador a poco de andar puede valorar la calidad de su guía.
Normalmente es responsabilidad del guía, en la opinión de los cazadores, el éxito o fracaso de la cacería. ¿Pero alguna vez luego de una experiencia frustrada, ha hecho el cazador una evaluación de su propia responsabilidad en dicho resultado?. Yo creo que esa autocrítica resulta fundamental, como en todos los ordenes de la vida, para conocer nuestras propias limitaciones y evaluar hasta qué punto se puede exigir al guía que coloque ante el caño del rifle un trofeo, al que el cazador no puede llegar por sus propias limitaciones.
En este aspecto creo que resulta muy prudente comentarle al guía, antes de comenzar la cacería, todos aquellos aspectos que el cazador humildemente considere que puedan ser un obstáculo para el éxito de la caza, no sólo en cuanto a su condición física, sino incluso a su experiencia, capacidad de tiro, etc. Este sinceramiento de parte del cazador es demostrativo de su buena predisposición para cazar con éxito y le permitirá conocer de antemano sus reales posibilidades de lograrlo.
Un aspecto fundamental para lograr cazar, es que el cazador participe de la cacería. Esto parecerá estúpido, pues en la opinión general quien está en el campo, fusil en mano y en pos de un trofeo, está cazando. Yo creo que no siempre es así. Muchas veces he tenido detrás mío personas en tales condiciones, pero que de ninguna manera estaban cazando, simplemente caminando por el monte esperando que les pusiera a tiro un buen ciervo, mientras ellos iban pensando en sus negocios, su mujer, la amante o en cualquier otra cosa, menos en la cacería. Esto es grave, pues quien actúa de esta manera no está concentrado en lo que hace, por lo tanto no presta atención a los sitios donde pisa, ramas que quiebra, etc. y en tales condiciones de poco vale el servicio de un buen guía. Hay quienes no toleran que el guía se equivoque. Tamaña intransigencia no es más que un signo de soberbia o incomprensión, pues como toda actividad humana es susceptible de admitir errores, máxime cuando no obedece a ningún cálculo o variante preconcebida. La caza, por ejemplo la del ciervo colorado en los montes pampeanos, tiene mucho de intuición, pues la mayor parte del tiempo se está cazando imaginariamente. Esto quiere decir que el cazador no está viendo el animal, escucha sus bramidos, sus corridas, a veces sus pasos, el ruido de la cornamenta que roza en las ramas o de una pelea, en ocasiones a distancias muy cortas (30 mts. o menos tal vez), sin que la espesura le permita ni siquiera definir la calidad del trofeo, por supuesto mucho menos disparar. A ellos debemos sumarle los cambios permanentes del viento, propio de toda región mediterránea, lo cual crea un sinnúmero de factores, sin contar el instinto, la astucia y los excelentes sentidos que poseen dichos animales, lo que permanentemente lleva al más ducho de los guías a cometer errores, que aunque involuntarios frustran la cacería, pero que de ninguna manera puedan achacárceles exclusivamente a su impericia o negligencia, sino más bien a un golpe de suerte a favor de los animales.
También es bueno reconocer que en ocasiones se cometen errores en los cuales la responsabilidad del guía se encuentra comprometida. De estos, tal vez el más grave es cuando se abate un animal que no llega a reunir las condiciones conversadas previamente con el cazador. Sin dudas allí el guía debe asumir su equivocación, pero tampoco el cazador puede desconocer totalmente su responsabilidad, pues fue él, en definitiva quien disparó y por lo tanto también tuvo la posibilidad de observar el animal y corregir el error del guía.
Finalmente me queda por decir que considero indispensable el servicio de un buen guía, para que una cacería organizada culmine exitosamente, incluso creo que debería ser obligatorio en la Argentina, como lo es en todos los países del mundo donde la caza se encuentra debidamente legislada, la compañía de un guía especializado para todos los cazadores no residentes. Pero tampoco resulta menos cierto, que además de contar con un buen guía, una gran parte del éxito depende de que el cazador esté cazando y no simplemente paseando por el campo.

Gustavo Jensen - Revista 30 Años del
Club de Caza Mapú Vey Puudú - Año 94
Colaboración: Carlos Rodríguez

 

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