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Semanario REGION®

Del 19 al 25 de mayo de 2023 - Nº 1.537 - Año 33 - INPI 1983083

Desalentar exportaciones e importar alimentos, el reino del revés

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El gobierno nacional anunció que analiza la importación de alimentos libres de aranceles, como otra nueva "medida" contra la inflación, en tanto aplica políticas que desalientan exportar. Es incomprensible.

Notas en esta entrada:
- Desalentar exportaciones e importar alimentos, el reino del revés
- Se termina el dólar soja: las opciones para quedar cubiertos ante los riesgos políticos y un salto del tipo de cambio

 

En un comunicado de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), se analiza como se agrava la situación económico-social, ante una dinámica inflacionaria cada vez más sostenida. En abril el IPC general creció 8,4% mensual, y los alimentos lo hicieron 10,1%, creciendo como casi siempre detrás de Indumentaria, que lideró las subas con un 10,8%.

Esta dinámica no es adecuadamente atendida por la política económica, con cepos, múltiples tipos de cambio y controles de precios que no pueden frenarla. Es más, son medidas que aceleran una inflación de origen monetario-fiscal, por la emisión para financiar el déficit, pero que ya adquiere una dinámica inercial creciente mes a mes.

Al respecto, el gobierno anunció que analiza la importación de alimentos libres de aranceles, como otra nueva "medida" contra la inflación. No deja de sorprender, dado que el problema inflacionario no se remite a un producto o rama productiva en particular, como los alimentos, sino que es un problema de raíz macroeconómica, responsabilidad únicamente de la política económica.

Por caso, el Índice de Precios al Consumo (IPC) de Uruguay aumentó en abril 7,6% anual, con un alza mensual de 0,7%, incluyendo una suba mensual de 1,9% para los alimentos, claramente distante de los guarismos de la Argentina.
El Relevamiento de Expectativas Macroeconómicas del Banco Central, que refleja el promedio de estimaciones de las consultoras, arroja para 2023 una inflación de, por ahora, 128% anual.

¿Tiene sentido usar las muy escasas reservas del Banco Central para gastarlas en importaciones de alimentos? Cuando esas reservas son imprescindibles para importar insumos que no se producen en el país, desde fertilizantes hasta piezas y accesorios de tecnologías varias para distintas actividades productivas.

¿Qué y cuáles alimentos se importarían? ¿Qué impacto tendrían en la medición del IPC? ¿Qué impacto tendrían realmente en la canasta de consumo de las familias?

¿Qué implicarían para determinadas producciones de alimentos nacionales, que van a vender aún menos, y así, agravar la crítica situación financiera de las empresas y golpear más la cadena de pagos?

¿Qué pasaría con los productores de frutas, verduras, carne, leche y otras producciones regionales, que reciben un precio interno que no cubre costos, tienen serios problemas de rentabilidad, no pueden ser competitivos con este tipo de cambio, y, paradójicamente, el consumidor no puede pagar el precio de estos alimentos, inflados de impuestos?

Las soluciones pasan por aplicar una nueva política antiinflacionaria, eliminando el déficit fiscal. Además, promoviendo la producción y las exportaciones, por ejemplo, avanzando en el Acuerdo Unión Europea - Mercosur, paralizado por este gobierno nacional, donde se podrían exportar más alimentos, y no sumando importaciones innecesarias.

En un país que puede alimentar a muchos otros, y que lo hace en mucha menor medida por las equivocadas políticas agropecuarias, todas anti-exportadoras, aplicadas por este gobierno desde la Casa Rosada, plantear importar alimentos es, de alguna manera, vivir en el reino del revés.

Fuente: cra.org.ar

Se termina el dólar soja: las opciones para quedar cubiertos ante los riesgos políticos y un salto del tipo de cambio

¿Jugará el gobierno la última carta? se pregunta el mercado de granos mientras se conocen los pronósticos para la cosecha 23/24

A poco de terminar con el dólar soja, el mercado internacional saca los ojos del ciclo que termina y se centra en el nuevo 23/24, donde los datos son bajistas: stocks mucho mayores de maíz, más altos en soja y un mercado de trigo con algunos países bajando y otros subiendo.

Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, expresa que “los fondos especulativos van saliendo de su posición comprada de soja e incrementando ventas en maíz y trigo”.

Según Romano, el dólar soja distorsiona todo: “Los compradores levantan la puntería poniendo mayor margen en la soja, pero con el convencimiento de que luego será más difícil conseguir oferta, y además como una forma de colocar pesos. Esto también genera recompras en el mercado diferido. Todo ello termina mejorando la performance argentina sobre la internacional. Pero todo podría desarmarse cuando concluya el dólar soja”.

Para el profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales en la sede Rosario de la Universidad Austral la gran duda es si el productor local convalidará mermas de precios más adelante, poniendo piso a los precios. “El limitante para esto es que los compradores no trabajarán a pérdidas si pueden conseguir granos más baratos en otros orígenes”, considera.

Entre sus recomendaciones, Romano apunta a ser “muy prudentes y más sofisticados a la hora de coberturas contras los riesgos políticos asociados". El especialista apunta a que los granos no “son dólares”, son granos que tienen cotización en dólares: "Si bajan y el tipo de cambio luego sube, puede pasar que lo primero termine siendo mayor que lo segundo, y en resumen terminemos con menos dinero en la cuenta”.

Ante la pregunta de ¿cómo está terminando el dólar soja?, Romano contesta: “Muy flojo”. “El atraso en la cosecha, los rindes todavía peores a los esperados, la expectativa de precios más altos, y la inestabilidad económica llevaron a que el productor se pusiera muy remiso a vender”, detalla.

Según explica, los compradores apuraron en las últimas semanas del programa sus intenciones de compra, poniendo mayor dinero sobre la mesa, e incluso trabajando con márgenes negativos, en la expectativa de originar “lo que se pueda” antes de que se cierre este ciclo.

“La aparición de algunas alternativas para mantener la cobranza dolarizada a tipo de cambio oficial por fuera del sistema bancario, llevó a que se cerraran algunos negocios más. Pero lo cierto es que, si el rumor era que la expectativa de ingreso de divisas era de 5.000 millones, con suerte llegaremos a la mitad”, añade Romano.

Finalmente, se pregunta: “¿Jugará el gobierno la última carta? ¿Agregará el maíz al dólar agro? La decisión de otorgar subsidios a la cadena de la carne y la leche apuntaría a eso. Pero parece poco probable que ello ocurra”, estima.

También Romano menciona la posibilidad de una devaluación del tipo de cambio oficial más rápida y considera: “Si eso pasa muchos pueden pensar que no tiene sentido vender grano ahora bajo este sistema. Pero eso es un error: lo mejor sería acceder a vender hoy granos a 300 $/USD y colocar ese dinero en dólar oficial a 220 $/USD. Luego si vemos una recuperación del tipo de cambio oficial, lo haremos con una base de precios más sólidas, y un diferencial cambiario en el inicio”.

Con respecto al cierre de la campaña 22/23 en el hemisferio sur, el especialista de la Universidad Austral indica que los números se encaminan por el lado de la oferta: “Una muy mala campaña de maíz y soja de Argentina, compensada en gran medida por Brasil, y una demanda internacional que no traccionó tanto como se esperaba”.

Romano explica que esto se combinó, a la vez, con fondos especulativos que anticiparon la situación con subas fuertes y -ya con la noticia dada- toman ahora ganancias, generando un patrón negativo de precios.

“Los precios internacionales fueron presionados a la baja por la toma de ganancias especulativa, la gran oferta brasilera que se llevó las compras chinas, generando remanentes en EEUU, y a su vez poniendo un techo para las cotizaciones locales. Los precios de las posiciones disponibles están en niveles donde generan un contra margen “tolerable” para las industrias, pero que, a esta altura del año, con la cosecha encima debería ser positivo. A medida que el interés en vender soja se apagaba, y los precios del maíz perdían brillo, aparecieron operaciones por maíz especialmente de tardío. Pero lo cierto es que todavía hay riesgo productivo”, concluye.

 ¿Qué esperar la la cosecha 23/24?
El reporte del USDA apunta a mayores stocks de maíz y soja, lo que genera una lectura netamente bajista. “Si bien es cierto que el productor argentino no querrá tomar esos precios, también lo es que los compradores no van a convalidar cualquier precio para Argentina”, manifiesta Romano.

“De hecho, para Argentina se pronostica una recomposición de oferta a 48 mill.tt. y para Brasil un nuevo incremento a los 163 mill.tt. con una mejora de 8 mill.tt. Las perspectivas de demanda en China fueron una buena noticia: se espera que retome el crecimiento, sumando 2 mill.tt. Pero lo cierto es que sus compras vienen relativamente lentas, salvo cuando se topan con mercadería muy barata como lo está siendo la actual de Brasil”, explica el especialista del Centro de Agronegocios y Alimentos.

“Todo esto sumado hace que el USDA espere un aumento de los stocks mundiales, que con 122 mill.tt. serían récord histórico. Aunque el stock/consumo pasaría de 27% que trae hace cuatro años a casi 32%, aunque el promedio mundial es de 22%. Esto nos hace pensar en que, a medida que el tiempo pase y los distintos países vayan convirtiendo estas expectativas en realidades, veríamos los precios bajar a la zona de los 300 USD/tt para fin de año. Pero todo dependerá de que el clima acompañe y no tengamos ningún disturbio como las situaciones difíciles de 22/23”, estima.

Fuente: Agroempresario / Agrofy